En ocasiones nos topamos con proyectos, productos, servicios, marcas que se venden mejor que los nuestros, “como pan caliente”; dicen, y es inevitable cuestionarnos ¿Qué tienen los otros que el mío no tenga?

La respuesta suele ser muy sencilla: “Suelen tener una estrategia emocional más acertada que la tuya”.

Independientemente que esa estrategia emocional para generar el comportamiento deseado que motiva la compra haya sido pensado o sea simplemente un resultado de una casualidad, la realidad es que está funcionando.

La razón de ello es porque la “emoción” que no es lo mismo que sentimientos, es una respuesta cerebral condicionada por un impacto emocional y una valencia que determina si ese efecto “wow” (impacto emocional), por llamarlo de alguna manera más práctica, es positivo o negativo.

Cuando tu producto logra generar una respuesta emocional positiva, lo que realmente está sucediendo es que está incrementando el nivel de deseabilidad y gustabilidad y por lo mismo, mejora la disposición a la compra.

Una de las herramientas que yo sugiero utilizar para mejorar la emocionalidad de lo que vendemos es fortalecer tu producto con asociaciones primarias positivas; es decir, describir con 3 palabras con qué si deseo que mi producto sea asociado y con 3 palabras con qué no deseo que sea asociado.

Al tener claridad de los 3 asociativos primarios positivos con los cuales deseas que tu producto sea perceptivamente relacionado, el ADN de tu producto empieza a tener sustento, estructura e identidad propia con la cual tus consumidores o segmentos de mercado pueden familiarizarse.

Haz el ejercicio y me cuentas!